(Julio Calvet, autor del artículo)
CINCUENTENARIO DE LA
MUERTE DE AZORIN.
Se cumple en este año de
2017, el cincuentenario de la muerte de José Martínez Ruiz, Azorín. Este aniversario, concretamente,
ha tenido lugar el día 2 de marzo, pues falleció en Madrid, en su domicilio de
la calle Zorrilla 21, a
las nueve treinta horas de dicho día 2 de marzo del año 1967, a consecuencia de
“insuficiencia miocárdica”, tal y como dice la certificación del Registro civil
del Distrito del Congreso de Madrid.
Se nos fue en aquella fecha quien con mayor
pulcritud, escribió en la lengua española, en cuya custodia y conservación,
participó como Académico de la
Real Academia de la
Lengua española desde 1924, en la que ingreso a propuesta de
Armando Palacio Valdés, el escritor asturiano autor de “La hermana San
Sulpicio”, del insigne cervantista de Osuna, Francisco Martínez Marín, y el
vallisoletano Leopoldo Cano, autor de “La muerte de Lucrecia”, para ocupar el
sillón de la letra “P”. Si el lema que circunda el escudo blasón de la Real Academia de la Lengua, dice “Limpia, fija
y da esplendor”, en parte se lo debemos al escritor de Monóvar, de cuya muerte
se cumplen cincuenta años.
Azorín es un increíble escritor: Los Pueblos, Castilla y la Ruta de Don Quijote”, son libros de los que
me he ocupado en alguno de mis escritos. Hoy Azorín, languidece en su lectura. Sus libros, permanecen un tanto
olvidados. Diríamos que no están de moda. Andrés Trapiello, nos ha llegado a
decir que su obra ha amarilleado como aquellas fotos del pasado, “¡Que le vamos
a hacer¡ Tampoco leemos a Berceo a diario. Azorín
será nuestro Berceo moderno en el camino empedrado de nuestra literatura”.
No deja de tener razón el
espléndido escritor en su libro, “Los
Nietos del Cid”, pues hoy los escasos, si, escasos, lectores de libros que
quedan, gozan más con los libros o novelas digamos en román paladino “de policias y ladrones”, o de “monstruos polifémicos”,
o de “novela histórica”, re-inventando la historia, como si la historia no
fuera más que hechos constatados; luego estarán los historiadores que no son
mas que historio-opinadores.
Pero acaso no olvide, que frente
a todo lo anterior, aun quedan, -y siempre quedaran-, escritores luchadores en el tiempo y en el
espacio, que no olvidan el escribir como lo hizo el escritor alicantino, y le dediquen
sus atenciones literarias. Y hasta su enorme recuerdo cervantino.
Y este es el caso, sin duda, de
mi querido y respetado amigo Ramón Fernández Palmeral. Hoy, cincuentenario de
la muerte de Azorin, Palmeral, nos
ofrece un magnifico libro que titula “Cincuentenario de la Muerte de Azorín”, en una
magnifica impresión en Lulu/Franciaj, y en su primera edición de Mayo de 2017.
Es un elenco admirable de sus artículos azorinianos, publicados en varios
libros, revistas y blog´s en Internet. Y, cjomo nos dice en su Introducción, “En
definitiva, mi intención es la de reunir mis artículos y aportar un recuerdo, a
modo de homenaje de Azorín, en este
cincuentenario de la muerte del universal genio de la Literatura castellana". Y, a fuer, que lo consigue. Del conjunto de su libro, creo que no me equivoco
si afirmo que el que quiera conocer la vida y la obra de Azorín, debe leer este libro. Está todo lo que constituyo la vida
de un hombre, que, justo es decirlo, tuvo mucha suerte en la vida, merecida sin
duda, pues fue un constante luchador en sus ámbitos. Azorín, alcanzó como escritor y hasta como político, las más altas
cimas de esta vida. Diputado a Cortes por Almería, Distrito Electoral de
Purchena, y Académico de la RAE,
como hemos recordado. Y pudo ser desde “anarquista” en su juventud,8 hasta
conservador en su vejez, y tuvo hasta la suerte de vivir nada menos que 93
años, y morir, como nos recuerda Palmeral, completamente lúcido y preparado
para irse a mas allá.
Yo, tengo una anécdota que añadir. Como nos dice
Palmeral, Azorín murió en
siendo enterrado en la
Sacramental de San Isidro, pero más tarde en 1990, sus restos
mortales fueron exhumados para ser traídos a su pueblo natal, Monóvar, para
enterrarlos nuevamente en su panteón familiar. Este traslado de los restos de Azorin, se realizaba en un traslado
especial en ferrocarril, adaptado al efecto, y venían sus restos acompañado de personajes literarios y
ex_-políticos importantes. Creo recordar que venían, Camilo José
de Cela, otros importantes escritores y también su amigo y albacea
testamentario Ramón Serrano Súñer. Estaba prevista una misa de “corpore
insepulto” de sus restos, y el acto de
su inhumación definitiva en cuyo acto,
se leerían textos de Azorín, por los Académicos acompañantes.
Como este acontecimiento fue difundido por los medios, tuve conocimiento de
ello. En aquel momento yo era el Juez Decano y titular del Juzgado de 1ª
Instancia e Instrucción de Elda, ciudad muy próxima a Monóvar, y con íntima
relación. Me puse en contacto con el Ayuntamiento de Monóvar y fuí cordialmente
invitado a compartir estos actos. Imagínese el lector mi entusiasmo y contento.
Iba conocer a grandes escritores y asistir a este gran acto. Era un sábado por
la mañana. Llegue a la Iglesia
de Monóvar, abarrotada de gente. Me coloque en el último banco de madera de la
entrada. Al poco, ante mi apareció el cortejo de personajes que portaban un
féretro con los restos de Azorin. Comenzó la misa oficiada por el Sr. Obispo y
varios sacerdotes. Empezó la homilía por el Reverendísimo Señor. La inició,
alabando la figura de Azorin. El
silencio era total. Y en eso, sonó, airadamente un pequeño aparato que yo
llevaba sujeto en mi cinturón: el temido “busca”. La gente se volvió, y salí
apresuradamente de la Iglesia. Aquel
aparato, te marcaba un número al que
habías de llamar. Cuando inmediatamente lo hice, era del Juzgado y el Oficial
de guardia me comunicaba que la Guardia Civil, y con su correspondiente
“atestado”, había traído “a presencia”, esto es a la mía, tres detenidos para
que cómo Juez de Instrucción competente resolviera sobre su situación personal
(medidas cautelares, dicen ahora). Cogí mi coche, y marché a Elda donde a lo
largo de la mañana, -declaración, resolución-, estuve ya todo el resto de la mañana
y parte de la tarde. Era mi obligación, y no lo discuto, pero… Cosas de la
vida, perdí la gran ocasión de mi vida literaria de haber compartido aquel día
con aquellas grandes personalidades en una ocasión única. Y esta es mi
anécdota. Tan cierta como la vida misma.
Bueno, me perdonara el lector y
también mi amigo Palmeral, esta disgresión, pero es que Palmeral se refiere a
este acontecimiento, -traslado de los restos de Azorín- en su magnifico libro.
Gracias Palmeral por tu libro.
Gracias Palmeral por recordarnos a Azorín
con tanta extensión y pulcritud. Gracias por recogerme mi comentario a tu viaje
por la “Ruta de Don Quijote”, y gracias Palmeral, por tu afecto y amistad que
compartimos.
Lean a Azorín. No olvidemos a los grandes. Son nuestros modelos. Alguien
dijo que para saber escribir hay que leer antes, mucho. De ente estar lecturas
no puede faltar Azorín. Ni tampoco
Palmeral.
Alicante, 1 de junio de 2017.
JULIO CALVET BOTELLA.