viernes, 28 de abril de 2017

El actor Luis Ciges Martinez, era sobrino del escritor de Monovar Azorín

Luis Ciges recibiendo un goya a la mejor interpretación masculina de reparto por su papel en «Así en el cielo como en la tierra», dirigida por José Luis Cuerda. Efe
Luis Ciges Martínez recibiendo un goya a la mejor interpretación masculina de reparto por su papel en «Así en el cielo como en la tierra», dirigida por José Luis Cuerda. Efe 11-12-2002
El actor español Luis Ciges falleció la pasada madrugada en una clínica madrileña a los 81 años de edad, después de haber participado en medio centenar de películas, lograr un premio goya y significarse como uno de los grandes actores de reparto del cine español.
Aunque el gran público conoce a Ciges como un actor de reparto, que se prodigó en la comedia gracias a su reconocible bis para este género, su carrera comenzó como realizador de cortometrajes y guionista, tras haber realizado estudios de realización en el IIEC.
Hijo del escritor Manuel Ciges Aparicio, fusilado por las tropas franquistas. Sobrino de Azorín. su primera aparición en el celuloide se remonta a 1956, en la película de Ramón Comas, «Historias de Madrid». Desde entonces, y hasta su última aparición en «El paraíso ya no es lo que era» (Francisco Betriú, 2000), a Ciges nunca le faltó trabajo.
De ello se encargaron los grandes directores españoles de comedia, como Luis García Berlanga, gran amigo del actor, o José Luis Cuerda. Con el primero participó en nueve películas, de las que hay que destacar «La escopeta nacional» y su saga, donde interpretó al inolvidable criado de los marqueses de Leguineche.
Fue de la mano de Cuerda de quien obtuvo el reconocimiento a su trabajo con el goya al mejor actor de reparto en 1996 por su interpretación en «Así en el cielo como en la tierra». Con Cuerda también participó en cintas como «Amanece que no es poco» o «El bosque animado».
Sin embargo, el registro de Luis Ciges fue aprovechado por directores de muy distinto corte a los citados y así participó en películas clave de la historia del cine español como «Arrebato» (1977) de Iván Zulueta, o «Laberinto de pasiones», de Pedro Almodóvar (1982). 
Hasta sus últimas apariciones se contaron por éxitos, caso de «El milagro de P. Tinto», rodada por Javier Fesser en 1998, o «París Tombuctú», de su entrañable Luis García Berlanga, tan sólo un año después.

jueves, 27 de abril de 2017

Manual de estilo de Azorín

Manual periodístico de Azorín


I.- Ser breve: No debe el periodista ser prolijo ni confuso; debe escribir breve; para escribir breve se necesita tiempo; se escribe largo cuando se dispone de poco tiempo y no hay lugar para acendramiento y la condensación. (...)

II.- Ser claro. Complemento de la concisión es la claridad. En vano ser breve si no se fuera también claro; es decir; comprensible, y en un momento, para todo el mundo. (,,,)

III. Exponer una sola idea. Con una sola idea hasta para un artículo. (...) El libro y el estudio de revista admiten muchas ideas; el artículo de periódico sólo necesita una. (...)

IV.- No ser erudito. O sea, no ufanarse ante el lector, para que el lector nos admire, de una erudición enfadosa. (...)

V.- No improperar. No hace falta para la exposición y propagación de un ideal, el improperio. Pierde fuerza con la invectiva el razonamiento. (...)

VI.- Contar lo que se ha visto. Fatalmente, sin que lo pueda evitar nadie, el periodista que narra algo prime en su relato cosas que él supone que conoce el lector. (.,.)

VII.- No tomar el peor partido porque el contrario tome el mejor. Máxima de Gracián es esta. No nos obcequemos; no sigamos el refrán que dice: “a tuerto o a derecho, nuestra casa hasta el techo”. (...)

VIII.- Insinuación y no exabrupto. No siempre se ha de atacar o explanar una doctrina bruscamente. (...)IX.- Reservar lo decisivo. Cuando se discute o explana una cuestión, no descubramos en el priemr intento todas nuestras razones. (...)

IX.- Reservar lo decisivo. Cuando se discute o explana una cuestión, no descubramos en el primer intento todas nuestras razones. (...)

X.- No usar series. El periódico es una hoja volandera y efímera; se lee y se abandona. Todo lo que en el día se le da al público debe ser acabado. (...).

Se puede estar más o menos de acuerdo con los principios del maestro monovero. Pero su estilo, de una limpieza y exquisitez absoluta, se ha extinguido en la actual profesión del Periodismo por la rigidez y explotación laboral del periodista. Vivimos ahogados por las agujas del reloj y, esta situación, deriva en la aniquilación de nuestra arma más preciada: el lenguaje. Como ejemplo, tomen en sus manos cualquier diario del mundo y atiendan a su redacción. Verán como, lejos de hipérboles y espejismos, todo lo que les relataba coincide con la realidad.

Esta es mi opinión que, ahora, comparto contigo. Si no estás de acuerdo, acepto todo tipo de impresiones personales.

Para ver artículos de Azorín por la web pulsa aquí.

Juanjo Payá.

27 de abril de 2017. Día de la Santa Faz. Alicante. La Peregrina






                                (Capillita de la Santa Faz, propiedad de Palmeral)


 

Romería a la Santa Faz



       Días después de cada Semana Santa  llega el misticismo de la Santa Faz  que retumba en mi interior como una voz que me llamara al recogimiento y a la peregrinación más devota e ineludible.  En este día me veo forzado a bordar la calzada con mis pasos de vía crucis religioso desde el Ayuntamiento hasta el Monasterio acompañando la comitiva oficial con mi caña y pasos silenciosos, mientras pienso en ese rostro divino en el paño de la Verónica, y por un momento eludo los pensamientos mundanos y materiales, pido paz, por los enfermos y las víctimas de cualquier guerra, legal o ilegal. Camino solo entre la multitud, empujado por la fe que es solitaria e interior. Es una romería donde acuden todas las autoridades municipales e  incluso el Presidente de la Generalitat Valenciana de turno.

      Tras ocho kilómetros de alfombra asfaltada y cerrada al tráfico nos acercamos al Monasterio dirección a San Juan que fue construido en 1766 de estilo renacentista y fachada barroca, se lo dejaron  a cargo de las religiosas Clarisas de clausura. Sobre la pila bautismal una placa de mármol da testimonio de que por allí rindieron visitas todos los reyes de España.

       En el solemne y eclesiástico interior trepan exvotos en ofrendas de mandas o favores recibidos. Detrás del ábside, una rica capilla, en la que se guarda con tres llaves la sagrada reliquia (un lienzo en el que la Verónica enjugó el rostro Cristo camino del Calvario). Cuenta la historia que la reliquia fue traída desde Roma en el siglo XV. No podemos olvidar los estudios sobre la Santa Faz del doctor en Historia  y cronista de Alicante Enrique Cutillas Bernal.

       Tres llaves guardan la custodia en la basílica de Santa Faz. Cuando abierta la puerta, el obispo nos enseña a los feligreses la tan solemne y alabada reliquia, y el romero florece en nuestros báculos de caña, hemos conseguido el jubileo. Nuestros muchos pecados anuales han sido perdonados, nos sentimos lleno de una extraña energía espiritual que nos servirá para celebrar un ágape entre amigos y familiares.  Por un día los coches han cedido su fuerza avasalladora y han sido domesticados por el poder extraño de un día de romería reconfortante y religiosa para el cuerpo y el espíritu que nos hace olvidar el belicismo en que vivimos y el bombardeo de un estado permanente de propaganda política en la televisión.

      Pero si fuéramos verdaderos devotos, cualquier domingo nos debería valer para hacer una visita a la reliquia y pedir perdón por nuestros muchos errores morales y éticos, y sentirnos verdaderamente aliviados de nuestro dolor de hierros y bridas entre los que vivimos aherrojados o apresados por hierros.



 Por Ramón Fernández Palmeral



  




 
 




































miércoles, 26 de abril de 2017

Entrevista sobre Miguel Hernández y Azorín, en Radio Millenium


Pinchar para oí el programa de radio "Horinzontes Culturales" de Radio Millenium, presentado por el periodista José María Pachón Crespo, que entrevista a Ramón Fernández Palmeral, y a María Teresa Rodríguez. 25 de abril 2017.
https://www.ivoox.com/player_ej_18347623_4_1.html?c1=ff6600

miércoles, 19 de abril de 2017

"Un día con Azorín", por José María de Loma

Un día con Azorín

19.04.2017 | 04:10 /Diario Información de Alicante/Opinión
 
Como todo el mundo no sabe, hace unas semanas se cumplieron los cincuenta años de la muerte de Azorín [2 de marzo de 1967]. Soy más partidario de celebrar los nacimientos que las muertes, pero en el caso de las efemérides sí soy muy de homenajear. Así que cogí mis bártulos, llené la mochila de intenciones y salí a la calle dispuesto a comprar un libro de Azorín, José Martínez Ruiz, que diera nombre a la Generación del 98, escritor de frases cortas, diputado, periodista, conservador, olvidado, antaño de lectura obligada en los institutos. Blanco fácil también de los dardazos de escritores y columnistas que arremetieron durante una época contra él por varias razones: diferir de su estilo, considerarlo desfasado, provocar y matar al padre de un cierto estilo. El de las frases cortas.

Algunos de los que con él se metieron lo hicieron con gracia; otros, con frases subordinadas que hacían el texto incomprensible. Es decir, le daban la razón a Azorín (1873-1967). El alicantino escribió unas cien obras. La voluntad, por ejemplo. También fue autor de muchísimas colaboraciones en prensa. Pueden o no gustarte sus obras o sus ideas (ojo, que también fue anarquista de joven), pero es absurdo negarle la grandeza literaria.

Es más fácil encontrar la aguja en el pajar, o pincharte con ella, que encontrar un libro de Azorín en una librería, que a veces tienen menos fondo que un atleta de ochenta años. Una vez encontré un volumen suyo en el rastro, en Madrid, que es el sitio donde acaban muchos escritores.

Era una vieja edición de Alianza, de una muy conocida colección, la portada azul y blanca. Le eché un vistazo un rato después de comprarlo en una cervecería de La Latina. También adquirí unos prismáticos de un mariscal prusiano, un sello de Isabel II, un paquete de gusanitos, un facsimil de un librito de Bakunin y un bote de aceitunas. Claro que si este artículo fuese un verdadero homenaje a Azorín tendría que escribir:

Fui al rastro y compre dos libros. Unos prismáticos. Gusanitos. Aceitunas. Más tarde entré a un bar a beber una cerveza.

Esto no quiere decir que siempre escribiera así, que una cosa es la frase corta y otra practicar la telegrafía y ser más seco y cortante que una alfaca. Azorín era conocido en su casa como Pepe y uno de los libros más célebres que dio a imprenta, delicioso, fue Las confesiones de un pequeño filósofo. Practicó un poco la bohemia, no muriéndose de hambre por los cafés y dando sablazos, pero sí vagando por Madrid y sus redacciones, como la de El País de Luis Bonafoux (gran periodista que ahora va siendo recuperado), y haciendo pandi con Maeztu y Baroja (el grupo de los tres, los llamaban). No logré comprar ningún libro y me volví con la mochila de intenciones vacía, pero a veces no encontrar algo es encontrar asunto para una columna. Un poco azoriniana, tal vez.

Los prismáticos los uso mucho.

Azorín en la Ruta de don Quijote, segunda parte, Por Ramón Fernandez Palmeral. EL PAÍS



       











 AZORÍN EN LA RUTA DE DON QUIJOTE, “segunda parte”.

      En el capítulo I de La Ruta de Don Quijote, titulado «La Partida», empieza el personaje principal, el «alter ego»  del propio «Azorín» llamando a gritos a doña Isabel, no sabemos muy bien para qué le llama, la anciana mujer sube a la habitación y mantiene una banal conversación, ella le pregunta que adónde se marcha, puesto que ha visto «la maleta que aparece en el centro del cuarto» y él le responde con pesar, entristecido y resignado, que no lo sabe, luego ella le advierte casi como una enfermera que  «esos libros y esos papeles que usted escribe le están a usted matando».   Azorín le responde con altos ideales mesiánicos «tengo que realizar  una misión sobre la tierra» como un predestinado caballero andante. 
       Un suspiro de Doña Isabel «¡Ay, señor!», le evoca en Azorín una visión  de los viejos pueblos y caserones vetustos,  vocablo repetidísimo por Azorín a lo largo de las 15 crónicas del libro, y en la primera tres veces. Es una de las palabras usadas por Leopoldo Alas «Clarín» en La Regenta: «Vetustas, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo...», que aparece en la primera página de la novela. Lo que presupongo es  un reconocimiento de Azorín hacia Clarín, el cual hico en 1897 hizo «encomiásticos juicios» de los artículos del alicantino.
    Azorín se siente condenado por tener que escribir,  encadenado al destino de escribir.  Pero quizá, fue este estilo pesimista, la idea que buscaba comunicar al lector, la de  una  Mancha pobre y triste, vinícola y labriega y destartalada como la propia figura de ciprés lánguido y seco del Caballero de la Triste Figura, y ridículo caballero andante.
    El capítulo II, «La Marcha», está contado desde la fonda de la Xantipa, cuya dueña era una viuda de Argamasilla de Alba, nos hace un flash back del viaje en tren desde Madrid hasta la estación de Cinco Casas.   Hubo una línea férrea entre Cinco Casas y Tomelloso, con una estación intermedia en Argamasilla de Alba, que se abrió el 15 de febrero de 1914, por ello, evidentemente, Azorín no tomó este tren que le hubiera dejado en el apeadero de Argamasilla. Tenía la línea 19,250 Km, y tres puentes metálicos. Se suprimió el servicio de viajeros en abril de 1971. Continuó como tren de mercancías por la línea de régimen de maniobras. El último tren especial «Manantial del Vino» pasó el 5 de abril de 1987. Ha sido una constante e inútil reivindicación de la Asociación Manchega de Amigos del Ferrocarril. Se pactó una Vía Verde, que los Ayuntamientos no han cumplido hasta le fecha.  Recojo la perdida de esta línea como homenaje a Azorín que tanto amor tenía por  los llamados «caminos de hierro»  como lo demuestra en su libro Castilla.
     Azorín no entró en la Fonda Museo del Ferrocarril de Alcázar, de lo contrario hubiera comentado, necesariamente, sobre los azulejos del zócalo de la sala cafetería, son  mil azulejos sevillanos fabricados en 1875 con diferentes escenas pintadas a mano, a modo de cliché de una película, con toda la obra del Quijote. Una verdadera joya del mosaico andaluz. En el primer azulejo vemos un retrato de Cervantes y en el siguiente la primera frase: En un lugar de la Mancha...
      En el capítulo III nos hablará el cronista de la historia y origen de Argamasilla de Alba «la fundó don Diego de Toledo, prior de San Juan; el paraje en que se estableciera el pueblo se llamaba Argamasilla; el fundador era de la casa de [los Duque de] Alba», y amplios datos tomados de Las Recopilaciones topográficas de los pueblos de España, encuesta mandada a hacer por Felipe II en 1575, cuyo manuscrito se encuentra en la Biblioteca del Escorial.   Nos hablará de los académicos: don Cándido, don Luis, don Francisco, don Juan Alfonso y don Carlos.  Dice Francisco Villagordo Montalbán, que don Cándido y don Luis existieron realmente y se llamaban de apellido Montalbán (nota 14, p-97, de Cátedra nº 214). Los académicos de Argamasilla fueron seis según el pergamino que había en la caja de plomo, al final  de la I Parte del Quijote: El Monicongo, el Paniaguado, el Caprichoso, el Burlador, el Cachidiablo y el Tiquitoc,  cuando se abre la caja de plomo.  Por ellos los eruditos cervantistas, entre ellos Clemencín, Hartzenbusch, y el propio Azorín consideraron que Argamasilla debía ser ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. La anotación 52 del murciano don Diego Clemencín (Editorial Alfredo de Ortells, Valencia, 1998),  donde escribe:
    «La idea de una Academia existente en la Argamasilla lleva evidentemente consigo la de burlarse de sus moradores, y más en el tiempo de Cervantes, en el cual estos cuerpos eran raros hasta en las cortes y ciudades más populosas y cultas».  


Ramón Fernández Palmeral 
Artículo remitido a  El PAÍS

jueves, 13 de abril de 2017

Pensamientos likidos, dichos y refranes abrir el PDF




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PDF, de Pensamiento líquidos, pensamientos y refranes
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"La ruta de Miguel Hernández en Alicante Ciudad", por Ramón Fernández Palmeral

Consultar la versiób en PDF, de La ruta de Miguel Hernández en Alicante Ciudad.

"El Político" de Azorín, reedición ilustrada de la Diputación de Alicante, 2017,

Este libro, El Político, se publica por la Diputación de Alicante como un merecedio homenaje de reconocimiento y gratitud a José Martínez Ruiz, Azorín, cuando se cumplen el cincuenta alos , Cicuentenario de su fallecimiento el 2 de marzo de 1967.

Edita: Actividades Reunidas Aitana S.L. U.
Texto de Azorín.
Instroducción y notas biográficas: Pedro Mª Egea Bruno
Epílogo de José Payá Bernabé, director de la Casa-Museo Azorin de Monóvar.
Diseño y maquetación: Alejando Amorós
Edición dirigida por rafael Amorós (Artelibro)
Edición especial para la Diputación de Alicante

ISBN: 978-84-946920-0-0
Depóstio Legal: A-165-2017
Imprime: Pictografía

(Regalo del ejemplar por Juan Antonio Poblador)

martes, 11 de abril de 2017

AZORÍN EN LA RUTA DE DON QUIJOTE (I)



AZORÍN EN LA RUTA DE DON QUIJOTE (I)


      Tras leer  La Ruta de don Quijote, del escritor monovero José Martínez Ruiz «Azorín», 1905,  recopilación de 15 crónicas en un viaje que hizo a los santos lugares de La Mancha para conmemorar el III Centenario de la publicación de El Quijote, me fui a hacer la ruta con mi mujer durante una semana, de cuyo viaje escribí el libro Buscando a Azorín por la Mancha, 2005. Este años en el 50º aniversario de la muerte de «Azorín» (2 de marzo de 1967), considero oportuno recordar el libro de La Ruta de don Quijote, no muy extenso pero intenso. Fue escrito por encargo de don Manuel Ortega Munilla, propietario y director del periódico madrileño El Imparcial en 1905, situada la redacción en C/. Mesonero Romanos, 32,  según notas de José María  Martínez Cachero (Cátedras, nº 214, p.17): «Será en este año de gracia de 1905 cuando el deseo se haga realidad con la invitación de Ortega Munilla para que Azorín viaje por y escriba sobre la Mancha de Don Quijote».  Obra de Azorín estudiada con rigor por  Martínez Cachero en la introducción del ya mencionado libro de Cátedra. Este libro también lo ha estudiado muy detenidamente José Ferrándiz Lozano, actual director del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.
      La Ruta de don Quijote, es una suma de crónicas de viaje y crítica o ruta literaria, o diario de vaije, con un estilo modernista e impresionista, recreación de los lugares míticos manchegos a través de una técnica detallista y minuciosa,  concesiva y perifrástica, donde usa los tiempos verbales absolutos del presente, un tono personal y personalizado,  para darle a la crónica una inmediatez de acción, una proximidad al lector que de otra forma no se nos daría, y esa técnica de repetir hasta la saciedad los nombres de los personajes, un tanto anodino y melancólico, con la que quiere hacernos recordar que son crónicas o entrevistas a las gentes abúlicas de una Mancha pobre y sin noticias,  y acercarnos a la verdad íntima y humana a través de pintar paisajes con la pluma, y a todo ello se le suma un vocabulario rico en términos agrarios. 
      «Azorín» tenía 32 años cuando viajó a la profunda Mancha entre el 4 y el 25 de marzo de 1905. A nuestro «Azorín» no le pareció muy cómodo el encargo periodístico Imparcial, porque además, a primeros de siglo era peligroso hacer el viaje, tanto fue así que don Manuel Ortega le dio un arma de fuego por si acaso se encontraba con bandidos por los caminos que antes fueron dominio de don Quijote y Sancho. Con cierta desgana emprende el viaje acompañado de un antiguo repostero [reportero sería  lo más lógico] llamado Miguel en tren hasta Alcázar de San Juan,  donde alquilaron un carrito tirado por una yegua pequeña hasta Argamasilla de Alba. En realidad Azorín no llegó a Cinco Casas como escribe en La ruta..., no los contará años después en su libro Madrid (1941). Tomo la nota 57 de la introducción de Martínez Cachero:
      «En Alcázar de San Juan alquilamos un carrito; no había entonces automóviles; si los hubiera habido, no nos hubiesen servido; los caminos no los permiten. En un carrito que guiaba un antiguo repostero [llamado Miguel] que vivió y trabajó en Madrid, hicimos todo el viaje por pueblos, campos y aldeas de la Mancha...»

      Su malestar por el viaje de cronista de encargo nos lo repite Azorín por dos veces en La Ruta... Al principio de la I Partida escribe me siento con un gesto de cansancio, de tristeza y de resignación (línea 4 y línea 16, Cátedra, nº 214).  Es  una crónica de abatimiento y melancolía, posiblemente debido a su desgana o desagrado por viajar a una tierra peligrosa, también nos dirá:  yo tengo una profunda melancolía.  Empieza comentando que se encuentra en un  cuarto diminuto, otras veces un modesto mechinal o habitación muy pequeña. Azorín vive en una pensión de Madrid (creo que en calle Barquillo) que regenta Doña Isabel, la casera o patrona como se solía decir, una anciana enlutada, limpia y pálida. No nos informa de si es viuda o casada.
      La ruta de Don Quijote está dedicada a  un tal don Silverio residente en El Toboso, propietario de una colmena, autor de un soneto «alambricado»  a Dulcinea y de una sátira terrible contra los frailes. Este don Silverio mantendrá un diálogo con el cronista en el capítulo XIV, a quien define como el tipo más clásico de hidalgo que ha encontrado en tierras manchegas. Era el maestro  llevaba «treinta y tres años adoctrinando niños».
    
         (Continuará)

Ramón Fernández Palmeral
Autor del libro Buscando a Azorín por la Mancha, Amazon