miércoles, 22 de febrero de 2017

Cómo es Frigiliana políticamente hablando. Historia municipal de la democracia. Moción de censura.

Frigiliana es el pueblo más bonito de España

Fotos de Frigiliana



   El pueblo malagueño de Frigiliana es un pueblo de agricultores, de albañiles y de servicios al turismo, y algún pastor de cabras (con todos mi respetos) e industria de la miel de caña. Son gente pacifica pero jamás hicieron una manisfetación, y publicamente no se manifiestan, todo se hace por la puerta del corral y buscando al primo del primo. De siempre, que yo recuerde la sociedad se dividía entre dos bandos los llamados ricos (que eran 4) y el resto: los pobres. Los aguanosos siempre estuvieron reprimidos durante la época de bandoleros y el franquismo, son socialistas en su mayoría, y no pasa nada, son de izquierdas y andalucistas (que son socialistas andaluces). Y defienden sus intereses como mejor creen. La filosofia es la siguiente: si somos obreros a la fuerza somos de izquierda. La idea es que un obrero jamás puede ser de derechas, lo llevan en la sangre. Son descamisados. La juventud es sumisa, y piensan en la novia o cuando se van a casar, y los viejos a la tradición de siempre: iglesia y a tomar el sol. Tiene un censo de 3.039 habitantes (2016) de ellos hay censados unos 1.300 extranjeros.

    Primer alcalde de la democracia en 1979 fue  Antonio Navas Acosta de la UCD. Desde 1983 a 1995 fue de los socialistas andaluces. Desde 1995 fue del Partido Andalucista con Javier López Ruiz, que en la anterior legislatura de 2011 a 2015 llevó la alcaldía en colación entre el PA y el PP, siendo teniente de alcalde José Antonio González Conejero. Y en 2015 el PP se coaligó al PA con 3 concejales. Lo vimos en las elecciones municipales de mayo de 2015, de once (11) concejales sacaron 4 el PP, 4 el PSOE y 3 el PA, que era, antes de su disolución socialista andalucista, desde que lo fundara el socialista  Rojas Marcos (Sevilla 1940 -  ) en 1976, siguiendo la idea el padre de la Patria Andaluza Blas Infante.

    Nunca ganó IU, aunque siempre sacaban un puñado de votos, sin concejales.
    Ser socialista no es malo, es una opción política como otra cualquiera. En Frigiliana en 2017 había 4 concejales del PP, 4 del PSOE y 3 de Partido Andalucista, que siendo estos socialistas andalucistas, se debieron coaligar en mayo de 2015 con los del PSOE, pero no lo hicieron y lo hacen ahora en medio de una legislatura que marcha bien. ¿Por qué?  Lo que ha sucedido es que en medio de una legislatura los 3 concejales del PA, temerosos de desaparecer en la próximas elecciones municipales de 2019, se han cambiado de chaqueta y se han unido al PSOE de Alejandro Herrero, que y en una moción de censura democrática le ha birlado la alcaldía a José Antonio González Conejero que lo estaba haciendo muy bien.
    Pero los 3 concejales de PA, han mirado más sus intereses individuales de supervivencia política que por su pueblo de Frigiliana, que iba bien, porque la Diputación de Málaga está en manos del PP, con Elías Bendodo, y alcalde de Málaga del PP Francisco de la Torre (oriundo de Frigiliana).

   Es que en Frigiliana eso de decir que ere derechas es como un insulto.
   Yo creo que esto cambiará en cuanto Susana Díaz pierda la Junta de Andalucía, (que llevan mas de 30 años) y la ganeel PP Juan Manuel Moreno,  la deriva cambiará.
 

 HISTORIA DEL PARTIDO ANDALUCISTA:

Wikipedia
El Partido Andalucista fue fundado en 1976 por Alejando Rojas-Marcos (que era socialista) cuando la Alianza Socialista de Andalucía, creada en 1971, adoptó el nombre de Partido Socialista de Andalucía (PSA). Posteriormente, en enero de 1979, durante el transcurso del II Congreso del PSA, se adopta el nombre de Partido Socialista de Andalucía-Partido Andaluz (PSA-PA). En febrero de 1984 adopta su actual nombre: Partido Andalucista. Históricamente, el PA ha ostentado la alcaldía de importantes centros urbanos de Andalucía como Sevilla, Jerez de la Frontera o Algeciras.

Disolución:
En el XVII Congreso Extraordinario del PA, convocado del 12 de septiembre de 2015 en Torremolinos (Málaga), se aprobó por 243 votos a favor, 57 votos en contra y 2 abstenciones la disolución de la formación. Las estructuras andalucistas sólo seguirán funcionando a través de una "comisión gestora de liquidación" para dar cobertura legal a los 319 concejales que fueron elegidos bajo las siglas del PA.



Comentario de Ramón Fernández Palmeral es autor del libro "Reseña historia de la villa de Frigiliana".

Andalucía es mi tierra, yo soy del Sur.

martes, 21 de febrero de 2017

Sebastián García Acosta. Un hombre la Sierra de Almijara.



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 Conocemos un rincón muy especial, de la mano del reconocido fotógrafo de naturaleza Sebastián García Acosta.

 Todavía quedan en la Almijara lugares remotos y solitarios que fueron, no obstante, en otro tiempo, muy frecuentados por los habitantes de los alrededores. No diremos que han caído en el olvido, no -sus nombres aún se escuchan, recordados con cariño en boca de los lugareños-; pero sí que se han convertido, con el paso de los años, en parajes difícilmente accesibles si no se conoce bien la zona, porque los senderos que llevaban hasta allí casi han desaparecido debido a la falta de uso. Uno de esos parajes es el Cerrillo del Chaparral. Se trata de un privilegiado -y aislado- mirador natural desde donde se puede disfrutar de una perspectiva diferente de las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, que asimismo es uno de los apostaderos favoritos de nuestro amigo Sebastián, desde donde ha conseguido algunas de sus afamadas fotografías.

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Caminando por los Tajos de la Chorrerilla

 La Sierra de Enmedio es una de las zonas más agrestes y, quizá hoy, más desconocidas de la Almijara: un conjunto de intrincados barrancos, cumbres enriscadas y profundos precipicios, situado a caballo entre las cuencas de los ríos Chíllar e Higuerón. Antiguamente, varias veredas ancestrales -trazadas sabiamente desde hace siglos- facilitaban el acceso hasta sus laderas a un sinnúmero de pastores, recolectores de esparto y palmito, carboneros y leñadores. Pero en la actualidad esas mismas laderas se encuentran invadidas por una abigarrada espesura de pinares, aulagas, romeros, jarales y lentiscos que, aprovechando insidiosamente la ausencia de ganado que los devore y de hombres que los controlen, se han ido adueñando poco a poco del terreno, extendiéndose por todas partes como una alfombra verde, espesa e infranqueable.

 Aquellos viejos senderos servían además para alcanzar la cota más elevada de la Sierra de Enmedio: el Cerrillo del Chaparral, que con sus 1160 m de altitud constituye una atalaya perfecta desde donde la vista se pierde sin límites, por encima de cimas y valles, hasta el mar. Hoy se puede alcanzar esa cumbre -con dificultad, desde luego- si se tiene conocimiento del lugar y experiencia localizando las sendas perdidas, que por momentos asoman a duras penas entre la cerrada vegetación, a lo largo de una empinada arista que comienza en el llamado Barranco de Garzón.

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La Cueva de Garzón, en el barranco del mismo nombre, fue utilizada para guardar el ganado por el último cabrero de Frigiliana, Federico "el molinero"

 Sebastián García Acosta, vecino de Frigiliana, es un hombre llano y cordial, gran entendido en todo lo concerniente a esa sierra, que ha recorrido de arriba abajo en incontables ocasiones desde que era un niño. Pero además de eso, Sebastián es un acreditado fotógrafo de naturaleza y un magnífico embajador de su pueblo natal y de sus montañas, de las que se confiesa enamorado y a las que respeta profundamente.

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Sebastián García Acosta

 Sebastián nació en Frigiliana, en uno de los rincones más típicos del Barrio Alto, la calle Amargura, en mayo de 1959 -"el mismo mes en el que nacen los chotillos de las cabras monteses en la sierra", apunta él con una sonrisa-. Se crió correteando entre las laberínticas callecitas de su pueblo, y allí continúa viviendo hoy en día con su familia, pues no ha querido mudarse a ninguna otra parte. Sebastián adora su pueblo, pero lo que más le gusta es su entorno natural, que empezó conocer y reconocer junto a su padre, Miguel, un veterano de la sierra y sus caminos -era agricultor y arriero ocasional: llevaba sus productos hasta Fornes y Jayena a lomos de un mulo-. De la mano de sus padres, muy pequeño, dio Sebastián -literalmente- sus primeros pasos en la Almijara durante las fiestas de San Juan, fecha en la que salían todos a almorzar por los alrededores del río Higuerón. Después, ya más mayorcito, comenzó a caminar por toda la sierra en compañía de su padre, que lo enseñó a encontrar los caracoles más grandes y sabrosos -entonces había muchos- y los palmitos mejores. Pero Miguel también le mostró cómo orientarse por los sitios difíciles y salir airoso de cualquier situación comprometida que se le pudiese presentar en plena montaña.

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Con su primera cámara para fotografiar monteses, una Pentax de la época

 Como muchos otros chavales del pueblo, Sebastián aprendió a cazar muy pronto; salía al campo con una escopeta de plomos y se entretenía cobrando pajarillos y otras piezas pequeñas. Pero, paralelamente, practicaba una actividad que le gustaba mucho más que cazar y que, andando el tiempo, marcaría definitivamente su futuro. Y es que, cuando tenía doce años, Sebastián se había comprado una cámara de fotos. Se trataba de una Kodak de bolsillo, tan cómoda y manejable que la llevaba con él a todas partes; le gustaba retratar las calles del pueblo, sus amigos, cada pieza que cazaba, sus perros de caza y, al cabo, todo lo cotidiano que le llamase la atención. -"Por aquel entonces eran pocas las cámaras de fotos que se veían, y más en Frigiliana", señala Sebastián-. Quién le iba a decir que aquella afición suya se iba a convertir en algo mucho más grande… tanto se le metió dentro el pícaro gusanillo de la fotografía, que un buen día decidió que desde ese momento "cazaría" a los animales apretando el disparador de su cámara fotográfica en lugar del gatillo de una escopeta.

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Sebastián y su mujer, Ana María, con un chotillo montés en los brazos. Año 1987

 Desde siempre, Sebastián siente auténtica fascinación por la emblemática figura de la cabra montés -reina indiscutible de Tejeda, Almijara y Alhama-, animal que aprendió a observar y respetar gracias a su abuelo Manuel. Éste le solía hablar a menudo de ellas: cómo saltaban increíblemente ágiles por las laderas, persiguiéndose unas a otras en época de celo; cómo se alimentaban, a salvo allá arriba, en grupos familiares de madres con sus crías, careando de igual modo que hacen las cabrillas domésticas; cómo se le quedaban mirando de hito en hito, todo ojos, cuando se topaba con ellas por la sierra.

 En el año 1979 Sebastián consiguió hacer su primera fotografía a un ejemplar de cabra montés, precisamente en el paraje conocido como el Barranco de los Cazadores. Fue aquella una imagen de las que se obtenían entonces: con poca calidad, en blanco y negro y tomada desde muy lejos; pero ahí quedó, y fue el precedente de otras muchas, muchísimas, que, con los años, le han granjeado grandes satisfacciones y un merecido reconocimiento público. Nuestro amigo consagra todo el tiempo libre del que dispone a recorrer las montañas para localizar principalmente cabras monteses y observarlas, identificarlas, admirarlas y, por supuesto, fotografiarlas. Han pasado más de tres décadas y Sebastián continúa en ese empeño de dar a conocer a todos la belleza y singularidad de la Capra Pyrenaica, esa especie tan característica de nuestros espacios naturales.

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Sebastián utiliza una cañavera que corta y prepara él mismo, para ayudarse a caminar por el difícil terreno almijareño
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 Lógicamente, Sebastián tiene muchas anécdotas que contar sobre las innumerables horas pasadas en completa soledad, acechando sin descanso luces y sombras para capturar la mejor imagen de un paisaje, una planta o un animal. Ha recorrido con toda su equipación a cuestas -cámara de fotos, trípode, prismáticos, reclamo para llamar monteses y una cañavera a modo de bastón-, en solitario y también en compañía de amigos como el prestigioso fotógrafo Roberto Travesí, varios macizos montañosos: Tejeda, Almijara y Alhama, por supuesto, pero también Sierra Nevada, la Sierra de Gredos y la serranía de Ronda, entre otros.

 Mientras vamos ascendiendo por la empinada arista, apartando de nuestro camino la maraña de matorral y maleza que cierra el paso camino del Cerillo del Chaparral, Sebastián nos relata algunas de sus experiencias. Por ejemplo, su manera de obtener bellas tomas fotográficas de esos animales: cómo los localiza primero, apostado durante muchas horas en el lugar idóneo, en silencio, prismáticos en mano, hasta que da con su objetivo. Cómo luego se acerca a ellos -les "hace la entradilla"- muy poquito a poco, lenta y sigilosamente, teniendo en cuenta la dirección del viento y sin hacer el menor ruido, para no alertar a las monteses. Y cómo, aun así, cuando ha conseguido acercarse lo suficiente como para hacer una buena fotografía, con frecuencia las cabras se percatan de su presencia y desaparecen repentinamente, esfumándose como fantasmas en un abrir y cerrar de ojos. Sebastián explica que el mejor momento para fotografiarlas es muy temprano, cuando carean tranquilas por el monte buscando la tibieza del sol de la mañana, y que caminar tras ellas con todo el equipo a cuestas es complicado, sobre todo si el tiempo no acompaña: si llueve, o nieva, o hace mucho frío y se encuentra con superficies heladas. Porque un accidente puede ocurrir en cualquier momento…

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Oteando con los prismáticos desde Los Hoyos, en busca de un buen ejemplar de macho montés
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 Sebastián cuenta asimismo que las épocas que más le gustan son la primavera, cuando nacen los chotillos, y los meses de noviembre y diciembre, cuando llega el celo de las monteses. Para esas ocasiones cuenta con un reclamo especial -"pitico", lo llama- fabricado por él mismo con un trozo de chapa de resinar, siguiendo las instrucciones que le dieron antiguos cazadores de la zona. Este reclamo casero es muy efectivo, pues genera un sonido "muy fino" que imita bastante bien el que emiten los machos monteses cuando están en celo, y le facilita el acercamiento a ellos, tanto a machos como a hembras.

 Sebastián conoce a la perfección toda la Almijara y, quizá por eso, tiene sus lugares predilectos; uno de ellos es el pico del Almendrón. Esa mole rocosa, tan característica y visible desde todas partes por sus impresionantes tajos y repisas, le ha servido muchas veces de refugio y apostadero desde donde acechar a las monteses; incontables han sido las ocasiones en que se ha ocultado en sus escabrosos recovecos detrás de un buen ejemplar de macho montés, poniendo su propia vida en peligro real con tal de conseguir una buena imagen. "Porque" -nos dice- "los machos viejos son muy cucos y se las saben todas; se echan entre el matorral y se quedan tan inmóviles, tan quietos del todo, que aunque pases por su lado no los ves…"
 
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El Tajo del Almendrón. En sus verticales paredes ha pasado Sebastián muchas horas acechando monteses
 Cerca ya del mediodía, tras un recorrido largo y difícil, llegamos a otro de los rincones mágicos para Sebastián, y punto más alto de la Sierra de Enmedio: el Cerrillo del Chaparral. Una vez arriba, comprendemos por qué le gusta tanto. Las vistas desde esa atalaya natural son impactantes: desde allí los Tajos del Sol, el Nido del Buitre, el Almendrón, la cara sur de La Cadena, el Cisne, el Cielo y las cuencas altas de los ríos Chíllar e Higuerón conforman una panorámica que quita el aliento; afortunadamente, se han disipado las inoportunas nubes que ocultaban en parte las cumbres de nuestra vista, esa misma mañana.

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Panorámica desde el Cerrillo del Chaparral

 Mientras nos sentamos a descansar y comer algo, nuestro guía continúa narrando interesantes lances sobre su actividad como fotógrafo de naturaleza: que la fotografía más difícil de hacer -para conseguirla estuvo acechando durante varios días- fue la de un gato montés, tomada con flash justo en el momento en que asomaba su tímida cabecita por el tronco hueco de una encina, donde tenía su refugio; que su foto preferida es la que él mismo tituló "Todo en calma" y representa a un macho montés a la orilla del mar, junto a una gaviota. Ese macho, que por cierto tenía un solo cuerno, era un animal especial para Sebastián: le estuvo haciendo seguimiento durante ocho años, hasta que un mal día se lo encontró muerto -seguramente a manos de algún furtivo-, al final de un oscuro reguero de sangre.

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El macho montés de un solo cuerno

 A lo largo de tantos años de profesión, podría pensarse que Sebastián ha conseguido todas las imágenes deseables, pero en su caso no es así. Dice que aún le queda por obtener la fotografía de una cabra montés en pleno alumbramiento. Por dos veces ha estado a punto de captar ese momento mágico, pero en ambas ocasiones se le hizo demasiado tarde -por unos pocos minutos- mientras le hacía la entradilla, y llegó cuando el recién nacido ya estaba en pie y su madre lo amamantaba. Pero Sebastián no pierde la esperanza de fotografiar ese breve instante, aunque sabe que será difícil; que le costará más idas y venidas, y más horas entregado a la soledad y el silencio que implica la paciente espera.

 Y reflexiona con nosotros sobre lo mucho que ha cambiado el mundo de la fotografía y el revelado desde sus propios comienzos hasta ahora: hasta el año 2012 él mismo trabajaba con fotografía analógica y formato diapositiva; ahora utiliza la técnica digital. También opina que, en términos generales, el del fotógrafo de naturaleza es un trabajo mal remunerado, habida cuenta del considerable esfuerzo que requiere, las más de las veces, captar una imagen buena, buena de verdad.

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El recién nacido se alimenta por primera vez, ya puesto en pie. ¡La próxima vez será…!

 Sebastián García Acosta ha sido galardonado con el Diploma a la Conservación 2011 por el Patronato de Estudios Alhameños, además de haber realizado varias proyecciones y exposiciones con su obra en diferentes localidades, y numerosas colaboraciones en libros y revistas de caza, montaña y turismo rural, incluida la prestigiosa publicación The National Geografic.

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 Finalmente decidió plasmar su experiencia, admiración y agradecimiento hacia "su sierra" en un libro que mostrase a todos la belleza de sus paisajes y la riqueza y variedad de su flora y fauna. Ha sido un trabajo de muchos años, en los que no ha estado solo: su mujer, Ana María, le ha acompañado en multitud de ocasiones para ayudarlo en la localización e identificación de ciertas plantas, especialmente de las orquídeas salvajes. Ese esfuerzo definitivo, de toda una vida, se vio por fin recompensado con la publicación en el año 2011 de su obra "Tejeda, Almijara y Alhama, Parque Natural", un lujoso volumen de gran formato que constituye una extraordinaria antología de textos originales -escritos en inglés y español- e imágenes de impresionante belleza.

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Sebastián firmando ejemplares, durante el acto público de la presentación de su libro en Frigiliana
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 Pero su aventura no termina ahí; actualmente Sebastián acaricia la idea de lanzar, más adelante, un libro monográfico sobre la cabra montés. Y, por descontado, continúa saliendo a la montaña cada vez que tiene ocasión, siempre en busca de la imagen perfecta. -"…No pararé mientras me queden fuerzas para seguir andando y sujetando la cámara"- nos comenta, justo antes de ponernos en pie para tomar el camino de vuelta.

 Terminamos nuestra charla cuando empieza a declinar el sol; después de admirar por última vez el impresionante panorama que se divisa desde ese punto de la Sierra de Enmedio, volvemos a Frigiliana. El camino de bajada es el mismo que trajimos en la subida, pero se nos hace corto gracias a la amena charla de nuestro amigo Sebastián, que se mueve por el terreno como pez en el agua, o más bien diría, como cabra por el monte. Su complexión delgada y su rápida forma de caminar evidencian que lleva toda la vida recorriendo estas montañas: sus montañas, que son a la vez su paraíso particular.

 Sebastián García Acosta ha sido para nosotros un guía inmejorable, no sólo por su profundo conocimiento de la sierra, sino también por el afecto con el que habla de ella. Una experiencia gratificante y enriquecedora, el poder recorrer esos lugares de la mano de un frigilianense enamorado de su tierra, cuyo quehacer encuentra su recompensa en sí mismo; un hombre cuya modestia y sencillez lo hacen grande, tan grande como su obra. O quizá, más.

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Para más información:
http://cabrasmonteses.blogspot.com.es

Escrito por Mariló V. Oyonarte.
Fotografías, archivo de Sebastián García Acosta y Carlos Luengo.


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Preámbulo de mi libro de relatos "Perito en pecados".











PROEMIO O PREÁMBULO "PERITO EN PECADOS"


¿Quién es el lector?


    Desperté y estaba dentro de un videojuego como víctima y unos malvados vestidos de soldados me tiroteaban a dar sin parar…

    El lector es un ser anónimo que por lo general no lee sino se le retuerce el brazo, salvo que le interese mucho el tema y además haya comprado el libro. Los cuentos o los relatos no deben ser mirados con los ojos, sino con el corazón, que es el lugar donde reside la sensibilidad y el amor, por ello, el corazón tiene forma de rosa roja en medio del pecho que es la diana de los sentimientos, y de la ingenuidad que debe reinar entre nosotros y nunca la estupidez. Nuestro esqueleto está hecho con las teclas de marfil de los pianos.
    Nuestros libros deben ser como  «voladuras controladas» que le mostramos al espectador para que se convierta en lector voluntarioso y confidente a la vez, es decir, un confabulador.
     Cuando vas a un editor con un montón de relatos bajo al brazo te dice que escribas una novela, porque los relatos como la poesía  no venden. Y sin van con una novela te dirán que escribas relatos que se venden bien en las revistas, o sea, que jamás acertarás. Pero ahí están los grandes como Chéjov, Kafka, Edgar Allan Poe, Mark Twain, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan Benet, José María Merino o Manuel Rivas. Y la lista sigue y te das cuenta que todos los grandes autores han escrito relatos, cuentos o microrrelatos. Y en el Siglo de Oro eran las Novelas Ejemplares de Cervantes o las novelas picarescas de Quevedo, o las comedias de Lope de Vega.

…la cuestión es que yo ya estaba harto de dormir y soñar cosas raras, y me levanté, me acerqué a la ventana y vi cómo un tipo con pasamontaña entraba en el Banco de la esquina…

     Un autor no puede escribir al dictado de otros  (llamémosles editores oportunistas al ojeo del novel ingenuo), sino por el dictado de un mismo. Por lo general, los relatos  malos son los restos que quedan de los intentos de alguna novela fallida o escritos a propósito porque no cabían más argumentos que unas escenas.  El mundo editorial ha cambiado mucho. El mundo editorial está cambiando en favor del libro electrónico. Al libro electrónico de pago le ha salido el grano de los libros e:book  (libro electrónico) piratas: gratis. La gente lectora se está acostumbrando a leer gratis y eso no puede ser, y por eso es casi imposible vender un libro impreso, porque para ello hay que amar los libros en papel, y las bibliotecas privadas cada vez son menos. El papel cede al e:book, y éste al libro gratis en las tablet. Luego el consumo cambia y el autor decide que no es rentable el esfuerzo de escribir, salvo que ganes el premio Planeta u otros premios literarios, lo cual es prácticamente imposible. ¿Qué nos queda?: nada.

…Al poco tiempo se escucharon unos disparos, yo me metí dentro de la habitación, porque recordaba que en Madrid se cargaron unos atracadores a un vecino que estaba mirando por la ventana de su casa. Esto sí que fue mala suerte. Me oculté entre los visillos…

    Publicar en Amazon o en Lulu (en español) u otros portales, es relativamente fácil, pero luego cómo se promociona. Los Facebook, Twitter y Linker no son los medios adecuados, o suficientes para una promoción, ni siquiera los blogs. En incluso You Tube, es un medio, para darse a conocer. Luego ¿qué sucede?, sucede que la gente, salvo algunos amigos o familiares compradores, los demás  no compran porque carecen de poder adquisitivo. En Amazon hay que comprar con tarjeta de crédito y mucha gente ni tiene tarjeta, o piensa que le pueden jakear el número secreto, aunque pagues por PayPal. AMAZON vende bajo demanda, o sea, que no  almacenan libros como las editoriales o librerías tradicionales o en supermercados.
    Estamos acostumbrados a ir a las librerías para humear los montones de libros que nos muestran delante de los ojos, divididos en secciones por temas. Sin embargo, con Internet, y sabiéndolo manejar disponemos de todos los libros, como sucede en Iberlibro, que además te lo llevan a tu casa por mensajero, y a veces sin gatos de transporte.

    ...Luego llegó una patrulla de policía y otra y otras, hasta una ambulancia. La cuestión era tensa. Se acordonó la zona. Saqué mi cámara de video y a rodar como si estuviera en una ventana indiscreta. Por otra parte, pensé que el riesgo podría ser compensado económicamente si la cuestión del atraco se agravaba…

   Yo le  escribí una carta a un editor preguntándole si sabía en realidad quién era el público y sus gustos, y le escribí lo siguiente:
   «Uno escribe con muchas fatiguitas porque cree y piensa que su mensaje le puede interesar a alguien o le puede abrir los ojos, no por la vanidad de ser leído, sino abril conciencias en lo que uno cree ser especialista: en la vida, en observar la sociedad de la que estamos rodeados y acosados. Pero a ciegas, sin saber quién es el público ni lo que le gusta.  Porque el escritor o el escribidor, no sabe quién es el lector, que cómodamente, en su ordenador o en su sofá nos lee en un ejercicio de lectura de «metal crispado». Y esto medra, da miedo, te incomoda y a la vez te hace mejorar y tener más cuidado con lo que    escribes, para no molestar o insultar a ninguna inteligencia, bien: física o intelectual. Ya quisiera uno ser como Antonio Burgos (1943-  ) que escribe a piñón fijo en el ABC de Sevilla desde que  le estaban poniendo los cimientos a la Giralda, sobre lo que a él le parece o le viene a la cabezas o de lo que está en el punto de mira de la actualidad, por no decir en la punta de la ametralladora antiaérea».

     El editor me respondió a los tres meses:
    «A veces el equilibro entre el esfuerzo de escribir y la fama, no están compensados. El murciano Diego Clemencín se pasó más de diez años escribiendo unos comentarios al Quijote con una erudición boscosa y sobre la Literatura de los siglos XV y XVI, y no le conoce nadie. En cambio, si hubiera empleado el tiempo en escribir alguna novela, aunque hubiera sido costumbrista, porque saber sabía más que Nebrija, hubiera sido conocido, o estaría en algún diccionario de Literatura. Pero este es el problema de los ensayistas, que son sesudos estudiosos desconocidos, sin obra propia. Y por último, opino que si usted no es un masoquista de la escritura lo mejor es que deje de escribir ya».

     El editor no me convenció y me tuve que leer un artículo de Mariano José de Larra (1809-1837) donde en 1832 se preguntó sobre quién era el  público y dónde se encontraba. Y escribió:
     Esa voz «público», que todos traen en boca, siempre en apoyo de sus opiniones, ese comodín de todos los partidos, de todos los pareceres, ¿es una palabra vana de sentido, o es un ente real y efectivo? Según lo mucho que se habla de él, según el papelón que hace en el mundo, según los epítetos que se le prodigan y las consideraciones que se le guardan, parece que debe de ser alguien. El público es «ilustrado»,   el público es «indulgente», el público es «imparcial», el público es «respetable»: no hay duda, pues, en que existe el público. En este supuesto,  ¿quién es el público y dónde se le encuentra?

    De igual manera yo me pregunto quiénes son los lectores, esos seres anónimos que habitan en los ordenadores a la caza de unas  frases en Googel, pinchan y te leen ocultamente, al menos el titular y encabezamientos. Porque todo el texto puede ser un desierto que no le provoque interés y por el contrario, le produzca tormenta de arena en los ojos y encima aburrimiento.

  …Lleva horas sin que pasar nada en el Banco y yo me tenía que ir a trabajar. Me llamó un compañero al móvil para preguntarme si estaba enfermo, porque me había retrasado tres horas. Le dije que no me encontraba muy bien  y que me tomaría el día libre. A esto que  se vio salir humo por la puerta del Banco, y vinieron los bomberos y más policías y un señor trajeado con un megáfono, era el negociador…

    Es como los correos electrónicos, uno los dirige a alguien pero no tiene constancia de si lo han abierto y leído. En Facebook pasa lo mismo, puede que te leen pero que no te digan si les gusta o no les gusta el tema del enlace. Y si es un libro ídem de lo mismo: silencio y pitos.
   Actualmente el lector de hoy no tiene tiempo de atender a todo lo que le llega, carece de capacidad de atención, es como si viviera dentro un TBO o en un videojuego. Los escribidores nos convertimos en unos “giliputienses” de un botón más del teclado o "hosting" de sus ordenadores o computadoras.
   ¿Quiénes son mis lectores? Pues no tengo ni idea, e incluso quizás el no saberlo me favorezca y tranquiliza. No saber  nada de ellos es relajante, porque cada cual tiene su ética y su moral.  Como dice el profesor Claudio Gutiérrez:
    «En relación al contenido, ética y moral son más bien coincidentes: ambas se refieren a cuestiones de valor, es decir, a lo que consideramos bueno y lo que consideramos malo, lo que debemos aprobar, alabar o estimular, y lo que debemos más bien reprobar, condenar o tratar de evitar. La ética y la moral se refieren a lo que debe ser, discriminan entre acciones aceptables e inaceptables».

    Por ello, desde aquí pido disculpas a mis lectores, si es que tengo más de una docena, por estas exposiciones que nadie está obligado a leer, ni siquiera en el mes de agosto, vacacional, caluroso, playero o de montaña, en ese lugar idílico y preconcebido que luego resulta ser de los más aburrido, pertinaz y tedioso de lo común. Otros currantes no han podido tomarse unos días de asueto porque están trabajando y prefieren la soledad de las ciudades y pueblos de interior abrigados como la piel de un oso, y solamente los bares disfrutan de aire acondicionado.
    De vez en cuando el escritor debe meter la cabeza en la palangana para refrescarse, y mirar al mundo por el espejo retrovisor a trasvés del  parabrisas de las gafas de ver. La vanidad, hija de la envidia,  nos pone ciegos como ese borracho que llevaba tatuado el escudo de la Legión en un brazo y saludaba a todos militarmente.

…¡Dejen salir a los clientes del banco! ¡Le garantizo que si los dejan serán una atenuante a vuestro favor! –dijo el negociador por el megáfono–. El atracador o  atracadores respondieron con varios disparos. «Esto tipos no quieren negociar», pensé. El humo dejó de salir del Banco…

    –"Buenas tardes, señores, vayan ustedes mucho condiós". –Oí decir una vez a un camarero de un bar sevillano–, que antes había sido poeta místico  macareno que se enamoró de la bella Santa Rita de la capilla de una iglesia y se quería casar con ella, pero los curas no quisieron porque el poeta tenía poco parné.
    La mayoría de los relatos de este libro están publicados en Internet, otros son completamente inéditos e inútiles como un tridente del demonio. Los he seleccionado de acuerdo a la dificultad de lectura y contenidos de los mismo, empezando por los más fáciles de leer y entender. Para los amantes del absurdo existen algunos relatos muy asombrosos y doblemente absurdos.
    Para aprender a leer un relato, lo mejor es saber cómo se construyen, es como ver hacer una casa desde los cimientos, sabemos cómo está construida paso a paso, por ello, escribí y publiqué en Amazon mi libro Secretos para escribir novelas y relatos (Amazon, 2016), es una buena forma de saber qué tienen por dentro las novelas y relatos, cuáles son sus diminutas maquinarias de precisión interior, sus órganos que le hacen funcionar.

…Pasaron doce horas de negociaciones. A eso de las ocho de las tarde, empezaron a salir los rehenes, entre ellos el atracador, al que incompresiblemente, la policía le trajo una motocicleta a la puerta del Banco. Se montó en la moto, salió a toda pastilla y a unos doscientos metros se cruzó un coche de policía, y el atracador colisionó contra el coche policial, salió volando hasta caer en  el asfalto y fue detenido y encarcelado.

    Treinta y tres son los relatos, porque el 33 es un número masónico, es el máximo grado de la masonería, y, además es un número que emana paz y da luz a los demás y tiene otras connotaciones. Cierto cinismo e impiedad son necesarios en este oficio de escribir relatos.





                                                                                 El autor Ramón Fdez. Palmeral
                                                                                      Alicante, julio 2016