https://www.meer.com/es/64381-miguel-hernandez-y-cesar-vallejo-en-la-guerra-civil-espanola
Estas
detenciones se llevaron a cabo por militares, pero también por miembros
de organizaciones paramilitares de derechas, como falangistas o
requetés.
Algunos de estos detenidos no llegaron
siquiera a entrar en un presidio y mucho menos juzgados, ya que fueron
asesinados clandestinamente, tras ser trasladados a las afueras de las
poblaciones en lo que se dio en llamar «paseos». Otros fueron sacados de
las cárceles donde habían sido encerrados y ejecutados ilegalmente.
Todavía
hoy en día se desconoce dónde fueron enterradas muchas de aquellas
víctimas de ejecuciones ilegales durante los primeros meses de la guerra
civil, en la retaguardia rebelde. El caso más conocido es el del famoso
poeta Federico García Lorca.
También en la
retaguardia republicana se cometieron por aquellas fechas «paseos» y
sacas de derechistas que fueron arrestados ilegalmente por milicianos o
que se encontraban encarcelados. Pero, a diferencia de las víctimas
leales a la República, estas otras habidas en la retaguardia
frentepopulista terminaron siendo casi todas ellas identificadas y
honradas con sepulturas apropiadas. Privilegio de los vencedores.
En Alicante
Tras
fracasar la rebelión militar en la ciudad de Alicante, se produjo
durante los días siguientes el arresto de todas aquellas personas que
habían participado en la sublevación o que se habían manifestado
simpatizantes de la misma. Algunos de ellos ya se encontraban en la
cárcel previamente, como la plana mayor alicantina de la Falange y su
fundador, José Antonio Primo de Rivera.
El 1 de
septiembre se constituyó en la ciudad el Tribunal Popular, con
jurisdicción sobre toda la provincia, compuesto por 14 miembros de las
organizaciones del Frente Popular y presidido por dos jueces y el
exfiscal de la Audiencia Vidal Gil Tirado.
Desde
el 6 de septiembre hasta final de año, el Tribunal Popular pronunció 125
sentencias de muerte, según Francisco Moreno Sáez, siendo los reos
fusilados. Uno de ellos fue Primo de Rivera, ejecutado el 20 de
noviembre.
Nueve días después de la muerte del
fundador de la Falange, se produjo la única saca que hubo en la ciudad.
Medio centenar de falangistas que se hallaban encerrados en la cárcel y
el reformatorio de adultos, fueron sacados por milicianos y fusilados en
el cementerio.
No fue el único acto violento e
incontrolado que se produjo en Alicante por aquellas fechas. Durante el
mes y medio anterior a la constitución del Tribunal Popular también se
llevaron a cabo arrestos ilegales y siniestros «paseos» de personas
sospechosas de colaborar o simpatizar con los golpistas o de ideología
derechista.
Estas ejecuciones ilegales, según
Moreno, «fueron denunciadas desde las propias páginas de la prensa. Unas
veces por el propio Gobernador Civil, que amenazaba en un bando el 28
de julio con "la ejecución inmediata de la máxima pena", a quienes
realizaran actos "contra la vida o la propiedad ajena"; otras, eran
organizaciones, como la CNT alicantina, repudiando tales actos y
rechazando de plano la implicación de la organización en registros y
detenciones irregulares "que sólo merecen el calificativo de
monstruosos"». Sin embargo, lo cierto es que muchos de estos asesinatos
fueron cometidos por milicianos, algunos de ellos cenetistas.
Informes
En
abril y agosto de 1939, a petición del primer alcalde franquista,
Ambrosio Luciáñez Riesco, el conserje-administrador del cementerio
alicantino elaboró sendos informes en los que relacionó las víctimas de
fusilamientos y asesinatos durante la guerra civil, cuyos cadáveres
habían sido enterrados en dicho camposanto. Algunos no habían sido
identificados todavía y muchos estaban siendo exhumados para ser
trasladados a sus poblaciones de origen.
Según
estos informes, conservados en el Archivo Municipal, entre el 12 de
septiembre de 1936 y el 1 de julio de 1938, fueron inhumados 123
hombres, que habían sido fusilados en el Parque-Escuela frente al
Cuartel (42), detrás de las tapias del cementerio (14), en el Campo de
Tiro de Font-Calent (10), en la Prisión Provincial (5) o dentro del
cementerio (52).
El número de asesinados desde el
11 de agosto de 1936 al 5 de abril de 1937 ascendía a 135 (62 en
carreteras, 50 en el cementerio, 22 en la checa de la Santa Faz y 1 en
el Mercado). Entre ellos había dos mujeres: María Rosa Serra Cruañes,
asesinada en una carretera el 5 de abril de 1937 junto con otra persona,
y Delfina Oloriz Mombiela, natural de Zaragoza, linchada en el Mercado
el 27 de noviembre de 1937. De esta última no hay más constancia
documental, ni siquiera en la prensa de la época, lo que resulta
extraño, ya que, a pesar de estar en guerra y formar por tanto la
violencia parte de la vida cotidiana, un suceso tan insólito como un
linchamiento en el mercado tendría que haber sido recogido como noticia,
aunque fuese en un suelto. De María Rosa Serra sabemos, gracias a
Glicerio Sánchez Recio, que fue detenida y asesinada junto con su
marido, Antoliano Pérez Prats, el 19 de marzo de 1937 (y no el 5 de
abril, como dice el informe del conserje del cementerio) en la playa
ilicitana de La Marina, por unos agentes de vigilancia. Ambos eran
maestros nacionales y residían en Santa Pola.
El
total de derechistas represaliados en Alicante, según dichos informes,
fueron 258. De ellos, según cálculos de Francisco Moreno y Miguel Ors,
solo 55 eran vecinos de Alicante.
Noticias de familiares
El
9 de agosto de 1939 el gobernador civil ordenó a los alcaldes de la
provincia que recabaran toda la información posible sobre las víctimas
derechistas. El alcalde alicantino publicó un anuncio en la prensa y,
como consecuencia de ello, durante los días siguientes se recibieron en
el Ayuntamiento numerosos escritos en los que se daba noticia de los
fallecidos o desaparecidos.
Desaparecidos solo
había dos: Francisco Vogel, de 31 años, natural de Lucerna (Suiza) pero
domiciliado en la ciudad, empleado de una casa exportadora de vinos, que
según su viuda fue detenido el 5 de noviembre de 1936 junto con un
alemán que le acompañaba en la Explanada, cerca de las oficinas de Air
France, «por miembros de la CNT y FAI y llevados al cuartel de ellos
(convento de las monjas)»; y el oculista José María Ruiz Olmos, detenido
por milicianos en la clínica donde trabajaba el 23 de noviembre de
1936, sin que se le hubiera vuelto a ver, «dándose como seguro que le
asesinaron. Según las últimas gestiones practicadas parece ser que el
cadaver fué arrojado al mar», escribió su hermano.
Los
demás se sabía dónde habían sido enterrados, como el presbítero José
Cerdá Pastor, de 54 años, asesinado el 19 de agosto de 1936 en la
carretera de Madrid, en el término de Monforte; o Federico Picó Giner,
cura de la parroquia de San Francisco, de 54 años, llevado por
milicianos el 28 de septiembre de 1936 a «un centro que había en la
misma calle de Gerona esquina á la de Castaños», de donde lo sacaron al
día siguiente para asesinarlo «en la Carretera de San Vicente junto al
último cruce del tranvía antes de llegar al pueblo»; o José María Gómez
Guillén, detenido el 26 de septiembre de 1936 y conducido por milicianos
«a la Checa que tenía instalada la CNT en el Convento de las Monjas de
la Sangre», siendo hallado su cadáver dos días después «en las
proximidades de la Venta de la Guapa (Carretera de Ocaña)»; o Rafael
Flaquer Martín, teniente coronel de Infantería y delegado gubernativo en
Alicante durante la dictadura de Primo de Rivera, asesinado el 7 de
noviembre de 1936 en un barranco próximo a la Albufereta?
Respeto por las tumbas de las víctimas (de un bando)
El
4 de abril de 1940, el ministro de la Gobernación ordenó a los
Ayuntamientos que adoptasen «medidas oportunas que garanticen el respeto
a los lugares donde yacen enterrados las víctimas de la revolución
marxista (?), a fin de que no quede sepultura alguna aislada en estado
de abandono».
El 1 de mayo siguiente, el alcalde
informó al gobernador civil de que «todos los cadáveres y restos
inhumados en diversos lugares se trasladaron ya al Cementerio Municipal
de Nuestra Sra. del Remedio y en él ocupan diferentes sepulturas. En
estado de abandono, olvido o descuido no hay ninguno, que se sepa».
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