domingo, 16 de octubre de 2016

Primeras páginas de mi novela negra "La muerte de Ofelia". Busco agente literario

                                     (La muerte de Ofelia, obra de John Everett Millais)






                        LA MUERTE DE OFELIA (Inédita)  Ramón Fernández Palmeral

                   

                        Capítulo  I
                                              


                        LA MUJER DEL AMADORIO

1
Una mujer joven de rasgos nórdicos, no latinos, de unos dieciocho años,  apreció muerta y flotando en el Pantano del Amadorio en el término de Villajoyosa de Alicante, fue un extraño suceso donde no había ni un marido divorciado ni una pareja vengativa, ni rastros de violencia de género, estaba cubierta de flores. Mi jefe, el Sr. Ridruejo, me encargo que investigara el asesinato por encargó de los padres de la muerta, identifica como Doroty. Los primero que hice fue entrevistarme con el médico forense del Instituto de Medicina Legal de Alicante Dr. Rodenas, con quien logré hablar después de que en el Juzgado de Villajoyosa me dieran su móvil. Me dio una cita tras varios días de ruidos blanco, es decir, de ya veremos cuando puedo. Le tuve que decir que yo había sido guardia civil en el País Vasco, en asuntos terroristas y que ahora trabajaba para la Agencia de Detectives del Sr. Ridruejo, afamado personaje, íntimo amigo el general de la Zona de Valencia.
Me recibió en su laboratorio que era como una antesala de un cementerio. Cuando le pregunté por el resultado de la autopsia, me dijo que por el rigor mortis, en fase de resolución llevaba en el pantano más de 36 horas muerta cuando la encontraron. Estaba embarazada de 4 meses, cuyo feto no sobrevivió evidentemente. Puse cara de incredulidad y de asombro.
     –Mire, aprenda un poco –susurró el Dr. Rodenas con prepotencia que llevaba traje azul marino, camisa blanca y corbata de seda cara chillona que denuncia a los recién divorciados. Cuando el organismo muere, la membrana del retículo sarcoplástico pasa de ser de permeabilidad selectiva a semipermeable, lo cual ocasiona que los iones de calcio salgan del RS para alcanzar un equilibrio. Estos iones ocasionan que la troponina cambie de lugar y mueva a la tropomiosina, la cual deja al descubierto los sitios de unión en la molécula de actina, la miosina se une y efectúa el golpe de poder, sin embargo al poco tiempo se acaba el  ATP y sin más glucógeno para reponerlo las moléculas de miosina quedan sin poder soltarse. Lo extraño de este cadáver es que le habían afeita los vellos del pubis.
   –Seguramente se lo llevaron como trofeo de un acto sádico de un pervertido.
   Terminada nuestra conversación médico-detective, yo ya tenía datos, y me fui a ver a mi amiga Claudia, abogada en ejercicio como becaria, aún, en un despacho de abogados de la avda. Méndez Núnez, popularmente llamada Rambla de Alicante.
 

  
2
     Lo malo de tener michelines o cartucheras es que todo el mundo te da consejos para que adelgaces, si te ven gordo piensan que eres lento, y un vago comilón. Es cuando de verdad te das cuenta de la cantidad de tonterías que pueden llegar a decirte los amigos y conocidos de refilón. Mejor estaría calladitos. Pero este cuerpo que ahora es mofa de la gente, tiempos atrás fue atlético como un soldado de infantería. Y ya, lo tremendo, el inri de las respuestas, es cuando pides opiniones, que te pueden moler a comparaciones de la fauna africana como los hipopótamos inocentes de su gordura. No se te ocurra preguntar: ¿qué crees que debería hacer para perder peso?, en esa oportunidad la gente se desboca dando consejos estúpidos y, si es necesario, hasta se los inventan, es tremendo, tremenda la capacidad de insidia y sadismo. ¿Y lo del tabaco? Ni se te ocurra decir que lo vas a dejar. Si fumas malo, y si lo dejas también malo. Una vez conocía a una chica que quería dejar de fumar sin dejar el tabaco, tremendo vaya, ¡eh!  Por eso a nadie le puedo contar mis problemas de sobrepeso y menos de insomnio, si lo haces estás perdido, en cuanto te ven  menuda cara tienes hoy, ¿dormiste anoche? Y los peores son los compañeros de trabajo, estos son plaga, y los jefecillos de negociado mandan más que el propio director, un cabo en guerra manda más que un general en tiempo de paz.
Acababa de ver las noticias de la tarde, la horrorosa visión del derribo de las Torres Gemelas en Nueva York, el ataque al Pentágono. Humo, fuego y desesperación de las gentes.  Bomberos por aquí y bomberos por allá todo ellos enharinados de polvo, como los de la fiestas de Onil. Tenía yo tal estado de excitación que no podía comer, ni dormir la siesta por culpa de un insomnio que me persigue como un chulo a su puta. Ni encerrarme en mi piso como si nada hubiera pasado en el mundo, pensé que este ataque terrorista islámico contra los norteamericanos iba a tener sus consecuencias e iba a cambiar el orden mundial. El presidente Bush no se iba a estar quieto después de haberse tenido que ocultar en algún sótano secreto, indirectamente era responsable de que la CIA no hubiera sido capaz de prevenir este ataque...  (Continúa)

(Ya tengo 200 páginas) 
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